La agricultura ecológica un medio contra el cambio climático

 

Son muchos los científicos y entusiastas de la ciencia que reniegan de la agricultura ecológica. La consideran una vuelta al pasado, un modelo ineficaz incapaz de dar de comer a la humanidad, caro e inútil, pues también reniegan de que este tipo de productos sean más sanos y más sabrosos.

Para estos negacionistas agrícolas, tan amigos de aplaudir los transgénicos y el uso compulsivo de pesticidas, resultará muy interesante el estudio recientemente publicado tras más de 15 años de análisis por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC). Científicos españoles que han demostrado cómo en ambientes semiáridos, y en términos de eficiencia energética, la agricultura ecológica es más productiva que los sistemas en los que se utilizan productos agroquímicos.

Asimismo han comprobado que la rotación del cultivo de cereales con plantas leguminosas es, frente al monocultivo, la forma más eficiente de cultivar en estas regiones. Algo que ya sabían (y hacían) nuestros abuelos.

Lucha contra el cambio climático

El equipo de investigadores se propuso averiguar la eficiencia energética de tres
maneras de trabajar la tierra y cuatro tipos de rotación de cultivos en zonas semiáridas.

Para ello analizaron la cantidad de energía que era necesario aportar al sistema (maquinaria, fertilizantes, herbicidas, etc) por hectárea y año frente a la energía obtenida, es decir, la cantidad de cosecha.

Agricultura2

“Se trata de regiones en las que
urge hacer una agricultura diferente de la que se hace en lugares más húmedos, porque las condiciones ambientales de estos lugares hace que los productos agroquímicos sean poco eficientes”, explica a través de una nota de prensa Carlos Lacasta, investigador del MNCN.

Durante 15 años se estudió el rendimiento del cultivo ecológico, en el que no se utiliza ningún tipo de producto agroquímico; el cultivo de conservación, en el que no se labra el suelo para preservarlo de la erosión pero se usan fertilizantes y herbicidas que evitan el crecimiento de las hierbas y el cultivo convencional, en el que se utilizan todos los recursos disponibles para obtener la máxima productividad. Asimismo se analizó el balance de energía aportada y energía obtenida con cuatro formas de rotación de cultivos: cebada y barbecho; cebada y veza (una leguminosa); cebada y girasol y monocultivo de cebada.

Según concluye esta investigación, la energía aportada en los cultivos convencional y de conservación, 11,7 GJ/Ha (Giga Julios por hectárea y año) y 10,4 GJ/Ha respectivamente, fue entre tres y tres veces y media mayor que en el caso de la agricultura ecológica que requirió 3,4 GJ/Ha.

En cuanto a la rotación de cultivos, la que aportó cosechas mayores fue la rotación de cereal con plantas leguminosas (29,3 GJ/Ha) frente a 19,1 JG/Ha del monocultivo de cereal.

De acuerdo con los datos del estudio, la mejor relación entre energía aportada y energía obtenida fue siempre en agricultura ecológica, mientras que apenas hubo diferencias en los manejos de conservación y convencional.

“Además de los problemas que genera la aparición de plantas resistentes a los herbicidas y la contaminación de los acuíferos que provoca el uso de fertilizantes, nuestros datos demuestran que, aunque produzcan menos cantidad de cosecha, los cultivos ecológicos son más eficientes energética y económicamente”, comenta el investigador del MNCN.

En opinión de Lacasta, las políticas agrarias no deberían mirar solo la producción, porque eso puede llevarnos a la desertificación en los ambientes semiáridos y mediterráneos como los que existen en la Península Ibérica. Además, añade, “con estas investigaciones podemos hacer sostenibles zonas agrícolas de España que actualmente no lo son por los altos costes de los agroquímicos”.

Centro científico de referencia en peligro 
Con una extensión de 90 ha, la finca experimental de La Higueruela (Toledo) fue adquirida por el CSIC en 1972. Durante más de 40 años se han venido desarrollando en sus terrenos numerosos estudios de investigadores del CSIC y otras instituciones científicas nacionales e internacionales.

La finca es representativa del 80% del territorio español, áreas semiáridas con cultivos de secano, y en sus terrenos hay numerosas investigaciones en marcha relacionadas con el manejo integral de los sistemas agrarios, agricultura ecológica en ambientes semiáridos, cambios en los usos del suelo, el efecto de la contaminación atmosférica sobre las plantas, estrategias para disminuir la erosión hídrica y mecánica o efectos del cambio climático sobre la flora y la fauna entre otros.

La diversidad de objetivos que se desarrollan en la finca, los experimentos de larga duración (más de 20 años), la multidisciplinariedad, el ambiente mediterráneo-semiárido y la enorme recopilación de datos de los que se dispone después de 40 años de estudios, la hacen única en el mundo.

Pero los responsables políticos de este país, especialmente empeñados en seguir arrinconando a la ciencia nacional, se han propuesto acabar con ella por inanición, como se lamenta el propio investigador Carlos Lacasta:

“Pese a su gran valor, la situación de la finca es crítica ya que, a corto plazo, no parece que vaya a disponer ni de los medios ni del personal necesario para su mantenimiento”.

Que inventen y estudien otros. Sobre todo si se trata de seguir apostando por los agroquímicos de las multinacionales y no por sistemas agrícolas más eficientes y respetuosos con la vida.


Trabajo citado: Moreno. M.M., Lacasta, C., Meco, R. y Moreno, C. (2011) Rainfed crop energy balance of different farming systems and crop rotations in a sem-arid environment: Results of a logn-term trial. Soil and Tillage Research. DOI: 10.1016/j.still.2011.03.006

Fuente: 20minutos.es

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